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EL ÁRBOL:

Después de ser sembrada la semilla, esta comienza un proceso de crecimiento integral, el cual comienza a darse dentro de la tierra; la semilla germina y sale de ella una colilla llamada raíz, que se convierte en uno de los conductos por los cuales se alimenta la planta, antes de convertirse en un árbol. Cuando la raíz toma forma y comienza ancharse, sale de la tierra algo llamado brote, este se va desarrollando con el paso del tiempo y llega a convertirse en la parte superior del árbol, lugar donde crecen ramas, hojas, flores y semillas respectivamente.  Según la Universidad de California Davis hay muchas clases de plantas que crecen y se alimentan de los nutrientes de las rocas y esto da como resultado que las plantas y árboles se vuelvan más frondosos.  Las raíces bajan a lo profundo de las piedras, donde se encuentran las arterias de agua en los mantos rocosos, los cuales son ricos en nutrientes, minerales y nitrógeno.  El siclo de estas plantas da inicio cuando en la época de calor, sueltan sus semillas esperando el inicio de la temporada de lluvias; al caer las primeras lluvias, las semillas germinan en uno o dos días y la raíz baja por las hendiduras de la roca hasta llegar al agua, por lo que las raíces tienen su crecimiento más fuerte en esta temporada; en el tiempo de sequía la planta comienza a crecer, su tronco se engrosa y salen de sus ramas hojas, lugar donde se lleva a cabo la fotosíntesis (comportamiento químico con el cual la planta procesa los nutrientes y la clorofila).  Lo que conocemos como árbol se divide en tres partes macros, es decir las más grandes. 1. La raíz, lugar de alimentación por donde se obtienen los nutrientes del suelo, de ahí se obtiene agua, minerales y el sostén del árbol por completo.  2. El tronco, es la porción que sostiene la parte superior y sirve de protección para todo el árbol, corre dentro de él, la sabia bruta, es decir la que no se ha terminado de procesar, esta está compuesta por los nutrientes tomados del suelo por las raíces y la clorofila del árbol que sube a las hojas, donde se transforma en la sabia compuesta.  3. Las ramas, estas juegan un papel muy importante, ellas sostienen las hojas que toman los fotones de luz, que ayudan a transformar la sabia bruta en sabia compuesta, pero no solo esto, las ramas también sostienen y protegen los frutos del árbol, en el caso de los árboles frutales y en el caso de las coníferas, las semillas. 

Ahora que conocemos un poco como se desarrolla un árbol, vamos a compararlo con nuestra vida.  En el tema anterior vimos como una semilla (la Palabra) fue sembrada en nuestro corazón, pero ¿Cómo debe desarrollarse correctamente esta semilla dentro de mí? La semilla fue sembrada en la tierra, lo que es figura de nuestra vida, pues fuimos sembrados en este mundo.  Con el paso del tiempo y nuestro desarrollo en este mundo, crecieron nuestras raíces y nos acomodamos al fluir de este mundo, pero la palabra del Señor nos manda: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.  Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

El árbol crece en la tierra y profundiza hasta toparse con los mantos rocosos; al toparse con ellos el árbol pasa por una transición muy dura, pues no comprenden sus raíces como alimentarse de la roca, en ese tiempo el árbol se marchita y baja su producción de sabia, algunos de los arboles solo se amoldan y sus raíces no penetran la roca por lo que llega el momento en el que sus propias raíces los botan y muere, esto nos habla del pecado, pues dice la Escritura que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23), también nos dice que el que siembra para satisfacer deseos puramente humanos, cosechará tan sólo corrupción y muerte. En cambio, si lo que siembra es para el Espíritu Santo, su cosecha será la vida eterna que procede del mismo Espíritu (Gálatas 6:8).

Otros árboles penetran la roca y aunque están casi por morir, llega el momento en que sus raíces comienzan a aprender a alimentarse de la roca y crecen grandemente.  Esto nos da la referencia de aquellos a los cuales el Señor alcanzó por misericordia y por medio de la predicación del evangelio, conocieron a Jesucristo (la Roca). Al principio es difícil acostumbrarnos a la vida en Él y más aún nos cuesta mucho alimentarnos de su Palabra, porque estábamos acostumbrados al desorden del mundo.  Después de aprender a vivir en el reino de los cielos conforme a la palabra de Dios, notamos que nuestro entendimiento cambia y crecemos, es decir maduramos espiritualmente y como dice el apóstol Pablo: Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño (1 Corintios 13:11).

Ahora bien, después de la lucha por cimentar nuestro pensamiento en Cristo, debemos saber que estamos en una guerra.  Esto lo vemos reflejado en el árbol, que lucha contra los embates del tiempo, las aves del cielo se comen sus frutos, los animales que anidan en sus ramas, etc. pero el árbol resiste y sigue creciendo hasta producir el fruto deseado. Lo que protege al árbol de estos ataques, es su corteza que se asemeja a una armadura y esto mismo nos dice el apóstol Pablo en cuanto a nosotros cuando dice: Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.  Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.  Tomad el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. (Efesios 6:12). Cada una de las partes de la armadura de Dios, es representación de Cristo, pues Él es nuestra justicia, Él es la verdad, Él es el evangelio y la paz para todos, Él es el Verbo (la Palabra) y lo más importante es nuestra fe en Él, pues Él se convierte en nuestro escudo, por lo que estaremos firmes en el día malo.

Otra parte fundamental del árbol cuando madura son sus frutos, pues por medio de ellos les conocemos y los identificamos, por ejemplo, si sembramos una semilla de pera, no podríamos cosechar manzanas, lo mismo sucede en nuestra vida, por nuestros frutos nos conocerán (Mateo 7:16). Si estamos creciendo correctamente nuestros frutos serán buenos y deliciosos delante del Señor.  Estos frutos se dan por medio del Espíritu Santo y estos son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra las cuales dice la Escritura no hay ley (Gálatas 5:22). Estos a su vez se convierten en semillas que nosotros debemos sembrar en nuestros hermanos, para que en ellos también se desarrollen y den fruto. Pero ¿Qué sucede con los árboles que no dan fruto? Veamos lo que dice la Palabra: Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que por sus frutos los conoceréis (Mateo 7:17-20).

 

El ejemplo más claro que tenemos en la palabra en cuanto a los malos frutos es la historia del Rey Nabucodonosor, que dice la Escritura que fue comparado a un gran y majestuoso árbol; este hombre se enalteció, dejó entrar en su corazón a la egolatría de tal manera, que cuando se levantó un día meditando en el resplandor de Babilonia dijo: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Un año Antes el Señor le habló al Rey por medio de un sueño, que no pudo ser interpretado por ninguno de sus siervos, pero al llamar a Daniel, quien era llamado Beltsasar, se le dio una profecía, donde el Señor mandaba a Nabucodonosor a arrepentirse de sus pecados y rendir su corazón, a lo que no puso importancia, lo que dio como resultado que le fuera quitado el reino y fuera echado en medio de las bestias del campo y comiera hierba durante siete tiempos (Daniel 4).  Esto nos enseña que si damos malos frutos seremos como aquel hombre, ya que dice la Biblia: Dios mío, tú estás en el cielo, pero cuidas de la gente humilde; en cambio, a los orgullosos los mantienes alejados de ti (BLS Salmo 138:6).

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